Una apreciación completa del carillón y del arte de la ejecución en él, puede cumplirse mediante una visita a la cabina de ejecución en una torre para demostración. Ninguna nota de programa, o folleto o libro de texto sobre ejecución de un carillón, puede describir adecuadamente o suplir la experiencia de ver un carillón a poca distancia y ser espectador de un carillonneur tocando. Ningún ejecutante está más alejado de su audiencia que un carillonneur ; y la audiencia, también debe recibir la música sin el contacto obvio con el ejecutante. Mientras que la música es de importancia primordial - y hasta ese extremo, sin duda, el carillón ofrece de sí el máximo de posibilidades estéticas - hay falta de comunicación visual entre el ejecutante y la audiencia. Dentro de tales limitaciones, el carillonneur ejecuta con alegría sabiendo que alguien en alguna parte lo está escuchando.